domingo, 23 de junio de 2013

Seguir adelante

Muchas veces, son otras personas las que hacen que nuestras vidas cambien. Normalmente, nos resulta sencillo ver los errores que estos cometieron, sin embargo reconocer los propios es harina de otro costal, pues bien se dice que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio; sin embargo esto no sólo no nos beneficia de forma alguna, sino que además nos perjudica.
No voy a enumerar los errores de mi vida, pues ni vienen a cuento, ni creo que fuera grato de leer, ya porque no soy una persona digna de tomar de ejemplo, ya porque sería un escrito largo y aburrido, que ni sería grato para el que lo lee, ni para quien lo escribe; por no decir simplemente que no tengo ni tiempo ni ganas.
Pero si que voy a aceptarlos, al tiempo que despediré en mi corazón a las personas que se han ido de mi vida y no volverán, de las cuales no se me permitió despedirme en su día (no han muerto, tan sólo que cuando me dí cuenta que era un adiós definitivo ya era tarde para decir nada); de esta forma mi corazón será más ligero para pasar página y continuar adelante sin reparos, malos sentimientos, ni remordimientos.
En el fondo no hay ni una persona a la que no haya nada que agradecer, así que saquemos lo positivo de las experiencias, pensemos en positivo y hagamos de nuestra vida algo digno de vivir.

viernes, 31 de mayo de 2013

Poco se podía ver en la sombría habitación; una pequeña chimenea, una mugrienta mesa que tan sólo el polvo parecía acumular y una vieja silla carcomida por gusanos, con polillas revoloteando cerca del niño, que debería tener alrededor de 10 años sentada en ella. La puerta chirrió al abrirse sobre sus oxidadas bisagras, con el sonido característico de las películas de bajo presupuesto, dejándote entrar en la humilde estancia.

-Saludos, siéntate a hacerme compañía si ese es realmente tu deseo- dijo el niño de improvisto, sin llegar a alzar la cabeza en ningún momento para mirarte.

Ante tus sorprendidos ojos donde antes no parecía haber nada, un pequeño taburete parecía encontrarse.

- Sin deseo de ofenderte te diré que no pareces gozar de inteligencia ni sabiduría, si ante mí estás- comentó el niño con una macabra risa infantil.

Ahora que estabas más cerca del niño, aunque seguías sin verle la cara, podías fijarte en más detalles. La ropa de principios de siglo XX, el contraste de su piel pálida con el negro y enmarañado cabello, así como la extraña sensación de que las sombras de la estancia parecían estar abrazando al pequeño.

- ¿Por qué pequeño?- preguntaste con incredulidad y preocupación- Quizás puedo ayudarte.

- ¿Ayudarme?- preguntó el niño con su ya molesta risa maliciosa- Yo no necesito tu ayuda, pero si quieres vivir tal vez debería contarte su historia, aunque seguro que se enfadará-añadió sin dejar en ningún momento su cansina risa.

Llegado a este punto tenías dos cosas claras, cuando volvieras a casa denunciarías a esta familia a asuntos sociales, al tiempo que recomendarías que prohibieran al niño terminantemente vwr películas de serie B. Sin embargo no podías evitar hacer una pregunta que aunque absurda no podías hacerte.

- ¿Quién se va a enfadar?- preguntaste sin mostrar sentimiento alguno en tus palabras.

- Mi canario, mi canario invisible.... o sería mejor decir el fantasma de mi canario invisible.

Y antes que quisieras darte cuenta, la historia ya había empezado...